Historia

La fortaleza de Mámora, situada a 115 Km. al sur de Larache, en el actual Marruecos, era conquistada por los portugueses en el año 1515. Teniéndola en su poder a lo largo de cinco años, hasta que fue reconquistada a los moros en el reino de Fez (Marruecos) el 7 de agosto de 1614, los españoles la tendrían en su poder otros 57 años.
En 1.645 Fr. Francisco Guerra, obispo de Cádiz nombraba a los Padres Capuchinos capellanes de Mehdia o Mámora, los españoles la llamaron San Miguel de Ultramar.
Los Padres Capuchinos que regentaban esta plaza como capellanes, fueron los que llevaron allí la imagen de N. P. Jesús, ya que esta se encontraba dentro del botín que hicieron los moros cuando el 30 de abril de 1.681, España perdió la plaza de Mámora.

“El ejército moro se apoderó de Mámora quedando todos cautivos: soldados y civiles, así como las imágenes y objetos sagrados que allí había. Aunque se consiguió la libertad para los padres capuchinos, estos no quisieron abandonar a sus feligreses y a las imágenes entre las cuales se encontraba la de N. P. Jesús
Habiéndose apoderado los moros de las santas imágenes, hicieron con ellas muchos ultrajes y escarnios, y llevándolas como despojos de su triunfo a la ciudad de Mequinez, las pusieron ante su Rey Muley Ismael. Este las mandó arrastrar por las calles, en odio de la religión cristiana, y después que las echaran a los leones como si fueran de carne humana, para que fuesen despedazadas.

Al hermosísimo busto de Jesús Nazareno le mandó el Rey arrastrar y echar por un muladar abajo, haciendo burla y escarnio del retrato hermoso y del original divino.

Se hallaba en dicha ciudad Fr. Pedro de los Ángeles, religioso Trinitario Descalzo, el cual llegó al Rey moro ofreciéndose a rescatarlas por dinero. Con esta promesa el Rey moro le permitió que cogiese las imágenes y las guardase, pero con apercibimiento y amenaza que, si no cumplía su promesa, lo habrían de quemar vivo”.

Los infieles, tras poner múltiples inconvenientes, decidieron entregar la imagen si los religiosos abonaban por ella su peso en monedas de oro. Una vez firmado el convenio, se colocó la escultura en un platillo de la balanza y, al comenzar los frailes a depositar monedas en el otro, éste se inclinó rápidamente como si el peso fuese leve. El prodigio se repitió cuantas veces cambiaron la balanza. Los moros trastornados por su impotencia ante la omnipotencia divina, arrojaron la escultura a una hoguera. Extinguido el fuego, el Cristo había quedado sin la más leve quemadura. Entonces, encerraron la imagen del Redentor, como un cautivo vulgar, en un calabozo. De inmediato, se declaró en la población una epidemia de peste. Aterrados, los marroquíes sacaron dicha efigie y, a través de Argel, Mogador y Tánger, la entregaron a los españoles.

En narración más documentada: “Los Trinitarios Descalzos realizaban una admirable labor de mediación en las Redenciones de cautivos y, además, mantenían pequeños hospitales-hospicios para atender a los numerosos cautivos que se hallaban en Marruecos.

Desde el mismo momento en que se pierde San Miguel de Ultramar (Mámora), se comienzan las gestiones para aprobar presupuestos para atender la redención de cautivos e imágenes y, dado que al finalizar las mismas se hallaban los Trinitarios dispuestos a comenzar su decimocuarta redención desde la Reforma, el Consejo de Guerra decidió entregar los caudales a la Orden para que la realizaran”.

Fr. Pedro de los Ángeles, religioso de la Santísima Trinidad Descalza, había conseguido que no se vendiesen la imágenes a lo judíos, quedando depositadas en el hospital de Mequinez, comprometiéndose a aportar el dinero para satisfacer su precio Antonio Correa-hidalgo ceutí-, el capitán de infantería Domingo Grande de los Coleos, Lucas de Zuñiga y Francisco de Sandoval y Roxas, a quien se debe uno de los relatos más interesantes sobre estos hechos:

“Entre las diecisiete imágenes rescatadas, se encontraba una hechura de Jesús Nazareno, de natural estatura, muy hermosa, con las manos cruzadas adelante…. Al hermosísimo busto de Jesús Nazareno le mandón el Rey arrastrar, y echar por un muladar abajo, haciendo burla, y escarnio de el retrato hermoso, y del original divino. Todas ellas se embalaron y enviaron a Ceuta, donde tuvieron entrada el 28 de enero de 1682”.

Las imágenes fueron llevadas de Mequinez a Tetuan en donde se les franqueó el paso hasta Ceuta: “Llegaron los Moros con las Santas Imágenes a las murallas de Ceuta, cuya llegada causó en toda la Ciudad grandísimo júbilo y alegría. Salieron a la puerta a recibirlas todos los Caballeros y Soldados de la Plaza, y tomándolas sobres sus hombros con singularísima devoción, y ternura, en forma de procesión, acompañadas de toda la Ciudad, las llevaron al Real Convento de los Padres Trinitarios Descalzos, donde se cantó con toda solemnidad el Te Deum Laudamus, en acción de gracias”.

Las imágenes salieron de Ceuta, pero tal impresión dejó la imagen de Jesús Nazareno, que años después los padres Trinitarios adquirieron una imagen para su convento con el nombre de Jesús Nazareno Cautivo y Rescatado, y por este motivo la imagen del Redentor se le comienza a llamar, según el Padre Carrocera, “Jesús Rescatado”.

Desde Ceuta enviaron las imágenes a Gibraltar, desde donde viajarían a Sevilla, y de Sevilla a Madrid, corriendo la segunda quincena de agosto de 1.682.

La principal de todas, las imágenes rescatadas, era la imagen de N. P. Jesús Nazareno, con la cual se quedaron los religiosos para su convento de Madrid. En 1.686 concedieron los Duques de Medinaceli de limosna, el solar para construir la capilla para N. P. Jesús Nazareno del Rescate. A esta donación siguió otra en 1.716, de un nuevo terreno para su ampliación.

La iglesia era bombardeada por los franceses en 1808, pero la capilla de Jesús resistía esa guerra primero y seguiría en pie tras la exclaustración de los frailes en el año 1835.
Hasta agosto de 1810 permanece en la Capilla de la Plaza de Jesús en el “Convento de Jesús Nazareno”, de los PP. Trinitarios. El decreto de supresión de todas las ordenes religiosas publicado por José Bonaparte, obliga para evitar profanaciones que la Imagen pase a la Iglesia Parroquial de San Martín.

En 1814 vuelve la Santa Imagen a la iglesia de los Trinitarios, hasta que el 16 de marzo de 1836 suprimida nuevamente la comunidad de Trinitarios por las leyes de Mendizabal y a requerimiento de la real e ilustre Esclavitud de N. P. Jesús se traslada la imagen de Jesús a la parroquia de San Sebastian de la Villa de Madrid, evitando que la imagen pasase a un almacén, destinado a deposito de imágenes y objeto religiosos incautados.

A finales de Diciembre de 1845, el duque de Medinaceli, apoyado por las religiosas Concepcionistas de Caballero de Gracia, que ahora habitan el antiguo convento Trinitario, solicita al Ministro de Gracia y Justicia el que vuelva la imagen a su antigua capilla. A pesar de oponerse a dicha petición la Esclavitud, el 18 de abril de 1846, la imagen de Jesús se traslada desde la parroquia de San Sebastian a su capilla en el antiguo convento de los Trinitarios. En este convento, ya no habitan los Trinitarios sino que desde 1846 y hasta 1895 son diferentes congregaciones religiosas las que en el residen. De las crónicas de ese tiempo se percibe que el culto al Jesús Nazareno del Rescate va decayendo. Ante esta situación los Duques de Medinaceli, en conformidad con los deseos del Señor Obispo de Madrid, deciden poner al frente y servicio de la iglesia de Jesús Nazareno a los Padres Capuchinos, efectuándose la posesión de dicha iglesia el día 7 de julio de 1895. Desde esta fecha la imagen de Jesús va ganando en culto, devoción y fervor por parte del pueblo madrileño.

Durante todo este largo período de tiempo, desde su llegada a Madrid, la imagen se llamó siempre del Rescate, siendo muy posterior su actual denominación de Cristo de Medinaceli.

En el inicio de la Guerra Civil, los frailes esconden la imagen del Cristo, envuelta en sábanas, en una caja de roble entre los escombros del sótano. Pero en febrero de 1937 la caja es descubierta por los soldados alojados en el convento. La Imagen recogida por miembros de la Junta y del Tesoro Artístico pasó a formar parte de la “Caravana del Tesoro Artístico”, que conforme se fue desarrollando la Guerra estuvo situada en Valencia, Castillo de Perelada, Pueblo de Ceret (Francia) y por último Ginebra.

Acabada la Guerra Civil y conocida la localización de la Imagen de Jesús Nazareno por el Sr. Obispo de Madrid-Alcala y por el Provincial de los Capuchinos, se realizan los preparativos para el traslado de la Imagen a Madrid.

El 14 de mayo de 1939, tras una procesión por el centro de Madrid, llega N. P. Jesús “Rescatado” a su Iglesia del Convento de los P.P. Capuchinos de la Plaza de Jesús, en la actualidad Basílica.

En un trabajo publicado por Antonio Velasco, (cronista oficial de la villa), sobre la imagen de Jesús Rescatado, el convento de los Trinitarios y la parroquia de San Juan Bautista de la Concepción, este escribe: “lo que en Madrid se hacía en lo referente a la Hermandad de Jesús, capilla, imagen, era copiado por los conventos que los trinitarios tenían en los pueblos y en La Solana, como es natural, no iban a ser una excepción, sino todo lo contrario, siguió en un todo lo que se hacía en Madrid”. Otro dato que recogemos del mencionado historiador hace referencia al comienzo de las obras de la capilla que fue en el año 1725, debido a una donación realizada por doña Isabel María de Salazar.